viernes, 8 de febrero de 2019

OFF THE ROAD


En el camino, en un camino mil veces transitado, y otras tantas mil veces olvidado, ajeno a la memoria y al recuerdo de quienes lo habitaron.



























martes, 15 de enero de 2019

DOCE HOMBRES PARA UNA TINA


Parece ser que el primer molino papelero europeo se ha datado en el año 1056, en las afueras de la próspera ciudad de Xátiva, rica en agua y lino. Fue propiedad de Abú Masaifa, junto a la vieja acequia, quien construye una fábrica de papel con más de 20 operarios. 

Hacia el año 1150 la industria papelera de Xátiva producía un papel tan exquisito que se exportaba a todo el mundo. Curiosamente, la exportación de papel desde Xátiva al extranjero influyó en incluso el nombre que ha tomado este material en otras lenguas. Los ingleses, que eran muy buenos clientes, tal vez por ello lo llamaron paper, igual que en Valenciano.

Con Xàtiva ya incorporada al Reino de Valencia, el rey Jaime I el Conquistador favoreció la producción papelera. El papel setabense nutrió los archivos de la Corona. Fruto de aquel proteccionismo, el esplendor productivo de Xàtiva se extendió a lo largo de los dos siglos posteriores. La ciudad fue suministradora de toda la Corona aragonesa. Después de Xàtiva, Valencia y Toledo se suman a la fabricación. 

Como toda aseveración histórica, la paternidad del papel en Europa no está totalmente cerrada. Sin embargo, hay cierta unanimidad en atribuir a Xàtiva el ser la primera población occidental que tuvo industria papelera. El historiador árabe El Idrisi (1100-1172) así lo escribió cuando en una de sus creaciones dijo de la ciudad valenciana que era bonita villa con castillos y lugar donde se fabrica el papel como no se encuentra en parte alguna del mundo

La industria papelera setabense experimenta un segundo auge hacia el siglo XIX. De 1820 y 1878 datan dos molinos papeleros en Xàtiva que pudieron ser el contrapunto al crecimiento industrial que experimentaron poblaciones como Alcoy o Banyeres, líderes del sector hasta este siglo.

En el año 1932 se crea la factoría papelera de Gregorio Molina, la popular fábrica de San Jorge. Esta empresa alcanzó una producción que la convirtió en líder en Europa del papel de estracilla y empleó a más de 300 trabajadores. De aquel emporio, que fue decayendo en los años cincuenta y sesenta, sólo queda la arquitectura industrial, testimonio de aquel esplendor, que en tiempos de la burbuja inmobiliaria estuvo a punto de desaparecer, ya que se contempló el desarrollo de un PAI precisamente en los terrenos de la papelera. En los últimos años el PAI se ha rechazado pero el futuro de la papelera está en el aire, ya que el juzgado ha adjudicado los terrenos al llamado banco malo, SAREB, tras los impagos de la empresa que promovió la polémica recalificación.

Pese a la elevada degradación del conjunto, la antigua instalación aún conserva elementos muy interesantes como las chimeneas o algunas de las naves. 

Algunas mediciones atribuyen al campanario de la Seu de Xàtiva la mayor altura de una torre religiosa de la Comunitat Valenciana. Lo que casi nadie sabía, en cambio, es que la capital de la Costera puede presumir también de poseer la chimenea industrial de ladrillo más alta de todo el territorio. Lo ha revelado en un libro que acaba de ganar el XXXIII Premi Carlos Sarthou d´Assaig i Investigació el historiador local Josep Lluís Cebrián. En Fumerals de rajola, monuments de la industrialització, Cebrián asegura que la chimenea principal de la antigua Papelera San Jorge es, con sus 50 metros de altura, la más alta de todas las valencianas que se conservan, superior incluso a las desaparecidas de la siderurgia del Port de Sagunt, que alcanzan los 45 metros.

Fuentes de los textos:
levante-emv.com
http://lugaresconhistoria.com
http://patrindustrialquitectonico.blogspot.com